Sé lo que se siente invertir y que el resultado no llegue
Sé lo que se siente invertir y que el resultado no llegue

Mi tercera empresa tenía que
ser la vencida
Mi tercera empresa tenía que
ser la vencida
Antes de Mon ya había levantado otros dos negocios en ámbitos que no se parecían en nada: una marca de productos físicos de venta directa al consumidor y una firma de servicios de innovación empresarial. Construirlas desde cero, haciendo yo misma buena parte del trabajo, me enseñó el mundo de los negocios con aciertos y con errores. Luego de varios años cerré la primera por malas decisiones financieras y vendí mi parte de la segunda por desaciertos societarios.
Después de eso fui seleccionada para participar en el YLAI, un fellowship para emprendedores de Latinoamérica, el Caribe y Canadá. Estar inmersa en un ecosistema donde convergían distintas culturas, industrias y disciplinas enriqueció mi visión y me abrió el panorama a miles de posibilidades. Por eso, cuando estaba de regreso a mi país, me estuve replanteando qué clase de empresaria quería ser.
Con dos compañías a mis espaldas y la experiencia que había adquirido en esos años, entendí que me apasionaban los negocios y resolver sus problemas. Quería una mesa por la que pasaran modelos nuevos todo el tiempo, donde lo aprendido con cada uno le sirviera al siguiente. Ahí decidí empezar como consultora.
Pero más adelante choqué con el límite de trabajar uno a uno, porque mi capacidad solo podía crecer hasta donde me alcanzaran las horas. Para llegar más lejos y vender sin depender de mi presencia física en cada cierre, tenía que montar algo más escalable. Por eso creé Mon, mi estudio de estrateg
Contraté a los mejores y los resultados nunca llegaron
Contraté a los mejores y los resultados nunca llegaron
Ese salto exigía capital, así que contraté a los mejores en branding, web y marketing. Les di las indicaciones que creía correctas y todo quedó 10/10: la identidad ganó un premio de diseño, la página tenía un desarrollo de primer nivel y la producción de los contenidos era impecable.
Pero el día del lanzamiento nadie compró.
Tras varios meses con la facturación estancada, tuve que aceptar que todo ese tiempo y dinero no habían sido una inversión, sino un gasto.
Primero busqué errores en lo que los especialistas me habían entregado, pero no encontré ninguno. La respuesta no estaba en contratar a otros que lo hicieran mejor, porque el problema era de fondo y debía descubrirlo yo. Así que me puse a estudiar, abrí mi empresa entera como se abre un motor que no arranca y revisé cada área por dentro:
Branding
La marca era visualmente buena, pero no comunicaba mi propuesta de valor ni conectaba con mi cliente ideal.
Web & SEO
La interfaz confundía al visitante, el sitio no aparecía en las búsquedas de Google y el mensaje no lograba que un solo clic terminara en una venta.
Marketing
el contenido atraía únicamente a curiosos que no llegaban a comprar y el proceso comercial perdía prospectos por el camino.
Cada cosa en mi empresa era un
esfuerzo aislado que se veía bien,
pero no era funcional
Cada cosa en mi empresa era un
esfuerzo aislado que se veía bien,
pero no era funcional
En este desastre la culpable era yo, que había acudido a los proveedores con un plan «perfecto» lleno de puntos ciegos:
- Autodiagnóstico sesgado: había definido qué hacer basándome en mi perspectiva y nada más, sin validar antes si era la dirección correcta.
- Áreas desconectadas: había abordado los proyectos por separado, sin detenerme a pensar cómo debían engranar entre sí.
- Lectura equivocada: había asumido que conocía a mi cliente y apoyado toda la estrategia en suposiciones sobre lo que necesitaba ver para elegirme.
Y obviamente ninguno de ellos me cuestionó, porque si vendes martillos, a todo le ves cara de clavo.
Terminé quemando mi capital. Ni la mejor ejecución da resultados si desde el inicio está mal enfocada.
Pensé en todos los empresarios que había asesorado a lo largo de mi carrera y me di cuenta de que, sin importar la industria, tenían los mismos puntos ciegos que yo.
Mi historia no era la excepción, era el patrón.

Construí la estrategia que nadie me vendió
Construí la estrategia que nadie me vendió

Le di la vuelta a todo. Dejé de dar por hecho lo que le interesaba a mi cliente y empecé a analizar el negocio desde sus ojos, hasta entender qué tenía que encontrar para preferir mis servicios. Alineé las áreas que iban cada una por su lado y armé un solo recorrido. A los especialistas los traje al final, con la estrategia ya hecha, para que ninguno trabajara aislado y todos ejecutaran hacia el mismo lugar.
Cuando encajó, por fin pude comunicar y captar el valor de lo que vendía. El cliente decidía más rápido y pagaba más fácil, así que cada cierre me costaba menos tiempo y dejaba mejor margen. Se abrieron mercados internacionales que antes habrían sido imposibles y, con la dirección corregida, el dinero que se había quedado en gasto esta vez sí movió la facturación. Lo que hice por necesidad terminó siendo Connect & Convert™, el método que hoy aplico en cada negocio que acompaño.
Soy Mon, business growth strategist
Soy Mon, business growth strategist
Desde Milán trabajo con fundadores de todo el mundo. En nueve años, por mi mesa han pasado más de cien empresas. Tu caso, por particular que se sienta, muchas veces se parece a uno que ya vi en otra industria.
A algunas las asesoré dentro de programas como Goldman Sachs 10,000 Small Businesses en Estados Unidos e iNNpulsa en Colombia, y desde incubadoras, aceleradoras y centros de emprendimiento de diversos países.
Los mismos tres principios con los que reconstruí mi empresa son los que pongo sobre la tuya: la perspectiva de verla desde afuera y con los ojos de tu comprador, la transversalidad de tratar las cuatro áreas que entran en contacto con él como un todo conectado, y la neutralidad de señalarte lo que tu negocio necesita, no un servicio que yo quiera venderte.
«Cada consultor que contraté antes me decía algo diferente y yo terminaba más confundida. Mon fue la primera persona que me explicó cómo cada parte de mi negocio afectaba a las otras y me ayudó a tomar decisiones con información real.» — Clara Perez, CCO
«Trabajar con Mon es como tener una socia que piensa el negocio contigo. Puso en duda cosas que yo tenía como verdades y me propuso ideas que no se me habrían ocurrido ni en diez años pensando sola.» — Eduardo Gómez, Co-founder
El Business X-Ray™ es donde empezamos.
Me tomó tres empresas y una cantidad vergonzosa de dinero en proveedores aprender lo que hoy puedo mostrarte en tres semanas. A tu negocio no tiene por qué costarle lo mismo. Empieza por saber qué le pasa de verdad y en qué conviene invertir.